«Claro que sí, hay algunas personas maravillosas en el mundo, y no pretendo menospreciar la naturaleza humana. Pero lo cierto es que siempre me dan pena las personas maravillosas, las que tienen cerebro. Porque ¿a qué se reduce, salvo a que estén insatisfechos con ser lo que son y con el mundo siendo lo que es? Y no hay cantidad de cerebro que pueda cambiar eso. Escriben libros que nos hacen reír o llorar por nosotros, pero, pese a todo, seguimos siendo exactamente lo que siempre hemos sido. Y ¿de qué sirve toda esa inteligencia si no se puede hacer nada con ella salvo sentarse a rumiar?»