El espejo (The Mirror o Le Miroir), pintado por el maestro francés Georges-Antoine Rochegrosse y expuesto originalmente en el Salón de París de 1908, es una sugerente e íntima obra de madurez que transita entre el academicismo tardío, el orientalismo y los sutiles aires del Art Nouveau.
La obra captura a una mujer desvestida de cuerpo entero en una habitación cerrada y ricamente decorada. Tradicionalmente en el arte occidental, el acto de mirarse al espejo se ha utilizado como una alegoría moralizante de la Vanitas (la vanidad, la frivolidad y la transitoriedad de la belleza y la carne).
Reajuste de la Identidad: No obstante, el enfoque de Rochegrosse añade una capa de moderna complicidad e introspección. La figura femenina ajusta o interactúa con su propio reflejo mediante un espejo de mano o tocador, en un acto que transmite autoindulgencia, autoexploración y una tranquila reafirmación de su propia belleza alejada de la mirada de terceros.