Dos mujeres se conocen de forma casual en un vivero, Inge una sueca racional que se confía a un diario, Mira una refugiada chilena que dialoga con Dios, este par de mujeres tan disimiles entre sí van creando en el transcurso del tiempo unos estrechos vínculos afectivos en los que se apoyaran, retroalimentarán, se darán fuerza y buenos consejos cuando los códigos de silencio, reserva, olvido y miedo comiencen a fallar. A través de sus conversaciones y situaciones personales lo concreto y lo abstracto, lo lógico y lo irracional, la necesidad de saber y de olvidar, de odiar y perdonar, de callar o de hablar no se enfrentarán, más bien se nutrirán de este antagonismo de personalidades, se darán fuerza, se enriquecerán sus vidas y de ahí saldrán confesiones sobre torturas, muerte y mucho dolor por parte de Mira y las de vacío funcional de Inge que al abrir sus corazones tenderán puentes que las unirán, saldrán fortalecidas y les evitarán unas calladas muertes emocionales.