Michael Bourdeaux analiza en esta obra el papel de la religión en los
regímenes comunistas, centrándose especialmente en la persecución y represión de las creencias religiosas en la Unión Soviética. A través de documentos y testimonios, el autor expone cómo el Estado intentó suprimir la fe y controlar la práctica religiosa, convirtiéndola en un elemento de resistencia y desafío al poder.