Esta hoja de doble faz, firmada por Miravalles, presenta un retrato masculino resuelto en el anverso y una figura femenina apenas delineada en el reverso, revelando una vez más el carácter de trabajo y experimentación que recorre toda esta serie de estudios.
El dibujo principal muestra a un hombre joven en una postura relajada pero introspectiva. Está recostado hacia un lado, con el torso levemente girado, una mano apoyada en la cadera y la otra llevada al rostro, tocándose los labios con los dedos en un gesto que sugiere contemplación o melancolía. El trazo es firme y expresivo, con líneas seguras que delinean tanto el contorno de la figura como los pliegues de la camisa, aportando dinamismo al conjunto. El rostro, bien modelado con luces y sombras, transmite una intensidad emocional sutil que le otorga profundidad psicológica al personaje. La elección de una pose no frontal ni rígida da al retrato un aire contemporáneo y natural, muy alejado de la solemnidad clásica.
En el reverso, en cambio, se perciben los rastros tenues de un dibujo femenino, posiblemente una figura de busto. El trazo es muy suave, casi borrado, y la figura apenas se distingue, como si hubiese sido abandonada en sus primeras fases o se hubiese transferido accidentalmente desde otra hoja. A pesar de su estado inacabado, se puede intuir la intención de capturar una expresión delicada, quizás en una escena más íntima o reservada.
Ambas caras del papel hablan del proceso artístico de Miravalles: una búsqueda constante por la expresión del cuerpo y el rostro, por el gesto mínimo que comunica algo profundo