Billy Wilder es un indiscutible maestro de la comedia americana, capaz como nadie de llevar lo cómico de una situación a los límites del absurdo. ¿Quién ha olvidado los avatares hilarantes que les ocurren a un par de músicos travestidos de mujeres en Con faldas y a lo loco? ¡Este director sabe hacernos reír! Pero no sólo eso. También rodó grandes melodramas pesimistas como El crepúsculo de los dioses, en el que Gloria Swanson da vida a una conmovedora estrella caída del cine mudo, o Fedora, donde Marthe Keller se hace pasar por quién no es, por amor a su madre, una actriz desfigurada.\nAsimismo, ha empleado su talento en algunas grandes películas del cine negro, tales como Perdición o Testigo de cargo.\nWilder dirigió a las estrellas más rutilantes, y su filmografía abunda en escenas de antología: Marilyn tocando el banyo en Con faldas y a lo loco o intentando en vano sostenerse la falda en la boca de aire del metro en La tentación vive arriba, Humphrey\nBogart besando a la juvenil Audrey Hepburn en Sabrina, Marlene Dietrich y su número de cabaré en Berlín Occidente, Jack Lemmon escurriendo sus espaguetis con una raqueta de tenis en El apartamento, o la misma Shirley MacLaine taconeando por las aceras de París en Irma la Dulce.\nSu humor suele ser incisivo y su visión del mundo roza el cinismo, pero sus personajes acaban siempre por hallar su momento de verdad y, por ello, Billy Wilder es, ante todo, un gran moralista.