En los años de la instauración de la democracia española, el narrador de Tambores de ejecución se estrena como profesor en un instituto de enseñanza media, en Madrid. A esta llegada a la vida adulta, que para él supone cruzar la conradiana ''línea de sombra'' y que Francisco Solano describe espléndidamente, se suma la inmersión en el enrarecido e inquietante ambiente que se vive en el instituto. El protagonista se enfrenta a los desafíos de la enseñanza y a las complejidades de la vida adulta en un contexto social y político en transformación.