Érase una vez un pobre zapatero que trabajaba diligentemente, pero no prosperaba hasta que solo le quedaba cuero suficiente para hacer un par de zapatos. Durante la noche, los zapatos se hacen solos y se venden por una buena ganancia, por lo que cuando se restauran sus fortunas, recompensa a sus benefactores. Un cuento clásico sobre la ayuda inesperada y la gratitud.