Sabina, Joaquín: Ciento volando de catorce, Barcelona, Circulo de Lectores, 2004, Rústica con cubiertas, 149 pág, 22x15. Acompañado de un CD con los poemas leídos por el autor.
A partir de una considerable dosis de ironía, algún que otro «ripio contra el mundo» y más sentido común del que pudiera parecer a simple vista, Joaquín Sabina ha elaborado un centenar de sonetos en los que se atreven a convivir desde reflexiones sobre la soledad en compañía -y viceversa- hasta historias con las esquinas y los bares de las noches madrileñas como protagonistas, pasando por recuerdos que encierran el extraño argumento del amor y su extensa retahila de efectos secundarios.
El jienense es capaz de darle la vuelta al refranero mientras pule su memoria de cronista para dar cuenta de su infancia como niño de provincias, bebiendo de las más diversas y suculentas fuentes de la lírica -del sarcasmo de Quevedo o la sensibilidad de Neruda y Vallejo a referencias a la mitología griega, Shakespeare o Alberti- a la vez que otea la actualidad con mirada de periodista granuja o lanza dardos venenosos contra algún escritor conocido con la misma puntería bondadosa con la que homenajea a un torero o vitorea a un poeta. Ciento volando de catorce reúne ciento un sonetos -uno especialmente escrito para esta edición-, treinta y cinco de los cuales son recitados por el propio autor en el CD que se incluye. En ellos, Sabina huye de la «realidad previsible», hipoteca su pasado de posguerra y abre la cuenta corriente de las posibilidades, aunque sea con derrota a la vista, para invertir con lucidez en la vida verdadera, esa que tan a menudo se empeña en seguir volando, incluso a ras de suelo.
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