Apariciones marianas. Nuevos casos. Cuarto Milenio, 17. Iker Jiménez. 2007. Ezquioga. Zeitung. El misterio de Guadalupe. Umbe. Contiene DVD. En el catolicismo, uno de los fenómenos más fascinantes y menos publicitados por la propia Iglesia es el de las apariciones marianas, las presuntas manifestaciones de la Virgen María -que los expertos denominan mariofanías - ante una o más personas. Algunas han sido reconocidas por la Iglesia, aunque se podría decir que a regañadientes. A fin de cuentas, que santos y divinidades accedan a manifestarse ante la feligresía sin la mediación de los ministros consagrados es un poco irregular para la mentalidad ultrarreglamentaria de la jerarquía católica. Pero ¿son estas apariciones algo privado? Mucho me temo que, en este sentido, el magisterio de la Santa Madre Iglesia es un tanto miope, porque si algo ha caracterizado al fenómeno de las apariciones marianas es el convertirse, casi sin excepción, en verdaderos fenómenos de masas. Algunas de estas apariciones han dado origen incluso a lugares de culto o santuarios que han llegado a convertirse en verdaderos epicentros del catolicismo que reciben tantos o más peregrinos que la propia Roma. Otras han inspirado la creación de órdenes religiosas. E incluso algunas, como las del Palmar de Troya, han generado verdaderos cismas, con su propio pontífice y una basílica de dimensiones ciclópeas erigiéndose solitaria en medio de las planicies andaluzas. Y si se trata de un fenómeno de masas tan popular, ¿por qué esta mal disimulada incomodidad por parte de la Iglesia? ¿No sería mejor utilizar su tirón popular para promocionar una fe que no pasa por sus mejores momentos? El sentido común así lo indicaría, pero un análisis más detallado nos dará la verdadera naturaleza del problema que estas apariciones plantean a las autoridades eclesiásticas. Y es que en la teología católica la revelación de Dios ha quedado cerrada con la muerte del último de los apóstoles, por tanto, una revelación posterior, sea de Jesús, María o un ángel, no puede añadir nada a lo ya revelado. Es decir, el problema radica en que la Virgen no se limita a aparecer estática, flotando en el aire en el apogeo de su serenísima majestad, sino que habla a aquellos que presencian su aparición, a los videntes, y no se limita a saludar sino que imparte doctrina y hace profecías. Si la Iglesia admite sin reservas una de estas apariciones, no tiene más remedio que asumir también lo que sale de los labios de la Virgen, y esa situación puede resultar sumamente incomoda. Cuarto Milenio se ha ocupado en repetidas ocasiones de este fenómeno, de forma que hoy podemos presentar algunas de las historias de apariciones más impresionantes, más inquietantes y que hacen que miremos con nuevos ojos lo relacionado con la religión.